La tendencia tecnológica de la banca ha sido promover la autogestión de los clientes, potenciada por los chatbots conversacionales. Unicard, una empresa nativa digital que ofrece medios de pago para clientes corporativos, es uno de los casos que mejor refleja esta transformación hacia la banca conversacional.
“Unicard comprendió que en la banca convivían distintos canales, presenciales y digitales, y que su reto estaba en unificarlos en una conversación centralizada.”
UNICARD · CHATTIGO

Empresa que ofrece un modelo de tarjeta de crédito para clientes corporativos: una compañía nativa digital cuyas soluciones son medios de pago para otras empresas. Inició actividades en 2017 con la ambición de ser completamente digital, pero al adentrarse en el sector bancario comprendió que la banca combina distintos canales, presenciales y digitales, que era necesario unificar.
El desafío de Unicard era informacional: debía atender múltiples canales al mismo tiempo que competía por la atención de usuarios bancarios en un mercado saturado de ofertas, muchas de ellas fuera del propio sector financiero.
A esto se sumaba una realidad del negocio: como señalaban desde el área de tecnología, la industria financiera terminó compitiendo por la atención de sus clientes con webs de retail y de medios de comunicación, y luego con las miles de aplicaciones que ya ocupan el teléfono de cada usuario.
Unicard adoptó un enfoque de banca conversacional, utilizando chatbots como su principal herramienta. La idea: replicar la visita presencial. Así como un banco atiende en persona y resuelve dudas en el momento, lo mismo debía ocurrir en digital, con respuestas en tiempo real y comunicación bidireccional.
Construir una aplicación propia significaba competir con las miles de apps que ya ocupan el teléfono de cada cliente. Unicard optó por integrar su chatbot directamente con la API de WhatsApp Business, lo que la convirtió en una de las primeras compañías del mundo en usar esa API a nivel corporativo.
En lugar de una conversación completamente abierta, Unicard optó por árboles de decisión: un número finito de opciones que apuntan a las necesidades más recurrentes. La experiencia mostró que abrir demasiado la conversación la vuelve dispersa; unas pocas preguntas —cinco, en la práctica— concentran la mayoría de las consultas del día a día.
Al automatizar operaciones sensibles —como el giro de dinero— Unicard incorporó controles de seguridad adicionales para prevenir fraude. Y evitó generar expectativas excesivas sobre lo que un chatbot puede resolver, priorizando árboles acotados por sobre una promesa de “pregúntame lo que quieras” que la tecnología aún no podía cumplir al 100 %.
Sus canales de comunicación están hoy ligados a su producto principal, y los clientes se benefician de información recurrente siempre disponible, acceso inmediato y casi siempre móvil, y una atención que combina automatización con la posibilidad de escalar a un canal humano.
Las expectativas de los clientes pudieron administrarse debidamente, porque Unicard no sobredimensiona lo que se puede hacer o no con un chatbot conversacional.
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